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No permitas que el pasado siga haciéndote daño.

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¿Estás decidido ya, a dejar tu fijación en antiguos resentimientos y amarguras?.

Necesitamos una dosis de coraje para dulcificar amablemente nuestras vidas. Solemos hurgar en viejas heridas y permitimos que el peso doloroso de la culpa nos maltrate con demasiada frecuencia. Esta es una práctica común que conviene superar por una nueva opción de amor y respeto por nosotros mismos. HOY MISMO PUEDE SER UN BUEN COMIENZO.

Piensa en lo importante que es dejar pesados lastres para proseguir la andadura. Muchas personas se aferran tristemente a cadenas que arrastran como penitentes y sólo avanzan lentamente y con dolor. Pero cuando se toma conciencia de la realidad, el lastre es sólo una opción que tomamos y NO una necesidad ineludible. Nuestras experiencias han sido fruto de las ideas que hemos venido elaborando en relación con nosotros mismos y con el mundo.
El pasado ha modelado nuestro presente. Este modelado demasiadas veces ha contado con el ingrediente de la culpa interfiriéndose en nuestro desarrollo Pero podemos restar poder efectivo al pasado, puesto que todo lo que decidamos pensar aquí y ahora GESTARÁ NUESTRO FUTURO.

La importancia del pasado es pues relativa siempre que nos decidamos por una vida nueva. Podemos haber sufrido, durante un tiempo más o menos largo las consecuencias negativas de ideas y sentimientos. Y paradójicamente hasta puede que nos hayamos culpado, no sólo por permitir que estos anidaran en nuestro corazón, sino por dejar que siguieran perjudicándonos

Si algo hicimos mal, aprendamos la lección y dejemos ya de censurarnos y acumular resentimiento. El perdón es como la llave que nos abre al amor por nosotros mismos, y por aquellos que Dios coloca en nuestro caminar de cristianos. No estar decididos a perdonarnos es uno de los peores daños que podemos hacernos y hacerle a los demás.

Lo que pasó ya está muy lejos de nuestro aquí y ahora. Por el contrario, nuestro crecimiento comienza HOY, a partir de lo que ahora pensemos, digamos, hagamos, o nos permitamos sentir. Entonces: ¡DÉMONOS PERMISO PARA LIBERARNOS!

Cuando comenzamos a respetarnos, a unificar criterios, a amarnos de modo que seamos capaces de hacer valorar nuestra vocación aportando lo mejor de sí, la comprensión y el perdón ejercerán su acción renovadora. Seremos capaces de comprender a los demás y estaremos más dispuestos a perdonar siempre.

No te asuste la libertad que encontrarás al abandonar la prisión de la culpa.